Los restos humanos fueron descubiertos por primera vez en la antigua ciudad maya de Chichén Itzá en la década de los 60’S, mientras unos trabajadores excavaban el terreno con el fin de construir una pista de aterrizaje para un aeropuerto.
Para la primavera de 1967, los obreros construían una pista de aterrizaje en el lugar, cuando, se encontraron con un problema, sus excavaciones habían descubierto los restos humanos en la pista.
Dicha pista estaba planeada para atender a visitantes de alto perfil que querían visitar Chichén Itzá. Pero, debido a la proximidad con los restos arqueológicos detuvieron las obras. Los obreros intentaron hacer de todo para poder examinar los cuerpos y saber a qué pertenecían. Sin embargo, cualquier esperanza de resolución rápida se disolvió. Esto debido a que los arqueólogos que arribaron al lugar dieron con un chultún, es decir, un contenedor subterráneo para almacenar agua de lluvia que en la mitología maya se tenía como entrada al mundo subterráneo de los muertos. En el chultún había una cueva que contenía más de 100 conjuntos de cuerpos humanos, casi todos de niños.

De acuerdo con los reportes de los investigadores y tras 60 años después, el ADN antiguo extraído de 64 de los niños muestra un nuevo entendimiento sobre los rituales religiosos propios de los mayas. Según la revista ‘Nature’, estos infantes fueron sacrificados entre los años 500 y 900 d. C, es decir de nuestra era.
Todos los sacrificados eran varones mayas locales que se sospecha podían ser elegidos como hermanos. Todas las investigaciones y revelaciones resultan un gran hito para este tipo de investigaciones en los rituales de los mayas los cuales se desconocía hasta hace muy poco, que inclusive, algunos planteaban como inexistentes. Entre los antiguos mayas, las cuevas, los cenotes y los chultúnes se asociaban con el sacrificio de infantes y, al ser elementos subterráneos, se consideraban como puntos de conexión con al submundo.
Los restos se depositaban en el chultún y en la caverna adyacente cada vez que se sacrificaba a nuevos individuos. Esto provocaba que los huesos anteriores fueran empujados hacia la parte trasera de la caverna y de esta forma perdieran el orden que el esqueleto inalterado exhibiría. «Por esta razón, la gran mayoría de los restos óseos se encontraron con poco contexto anatómico», explicaron los encargados del estudio.
Gracias a la datación por radiocarbono, sabemos que el chultún estuvo en uso entre principios del siglo VII d.C. y mediados del siglo XII d.C
En contexto también sabemos que en 1545, un brote de Salmonella enterica se extendió como la pólvora por lo que hoy es México. Durante el siglo siguiente, la enfermedad mató hasta el 90 % de la población indígena. Las pandemias de este tipo en aquella época resultaban brutales y actualmente se sabe que suelen dejar huella en los genes inmunitarios de sus supervivientes.






