Según las informaciones, hay suficientes evidencias y testimonios que revelan que Cuba desempeñó un papel significativo en el tráfico de cocaína hacia Estados Unidos, y que los comunistas, los hermanos Raúl y Fidel Castro, habrían estado involucrados en las actividades ilícitas.
Declaraciones de ex narcotraficantes y desertores cubanos, han apuntado a que el régimen cubano permitió el uso de su territorio como punto de tránsito para el narcotráfico, especialmente durante las décadas de 1970 y 1980, cuando las rutas del Caribe eran cruciales para los carteles sudamericanos.
Por ejemplo, Carlos Lehder, cofundador del Cartel de Medellín, afirmó en entrevistas que negoció directamente con Raúl Castro para usar Cuba como base de operaciones, incluyendo el uso de Cayo Largo como pista de aterrizaje para reabastecer aviones cargados de cocaína con destino a Estados Unidos.
Asimismo, Jhon Jairo Velásquez, alias «Popeye», sicario de Pablo Escobar, escribió en su autobiografía que Raúl coordinaba personalmente estas operaciones, destacando la ruta Colombia-México-Cuba-EE.UU. como una de las más efectivas para Escobar. Estos testimonios señalan que el régimen habría recibido pagos significativos.
El caso de 1989, cuando el general Arnaldo Ochoa y otros oficiales cubanos fueron juzgados y ejecutados por narcotráfico, ha sido interpretado por algunos analistas como una maniobra de Fidel Castro para eliminar evidencias de su propia complicidad. Desertores como Ortelio Abrahantes han dicho que las operaciones eran más amplias y contaban con altos mandos.
El gobierno comunista de Cubano siempre ha negado involvement en el narcotráfico, presentándose como un bastión contra las drogas, y algunos críticos sugieren que los testimonios de narcos y desertores podrían estar motivados por intereses personales, como obtener beneficios legales en Estados Unidos. La ubicación estratégica de Cuba en el Caribe y los relatos refuerzan el tráfico de cocaína, con participación de los hermanos Castro



