La contaminación ambiental afecta al mundo

Por Christina Nunez

Pronto, en Madrid, la zona de bajas emisiones de vehículos a motor se ampliará para abarcar todo el interior de la M-30, y a partir de enero, todas las ciudades españolas con más de 50 000 habitantes están obligadas a contar con una Zona de Bajas Emisiones con restricciones de tráficos. Estas sólo son algunas de las propuestas impulsadas por la directiva europea de 2008 que persigue reducir las emisiones contaminantes.

No obstante, queda mucho trabajo por hacer. A pesar de décadas de progreso, la calidad del aire en Estados Unidos ha empezado a disminuir en los últimos años, según los datos facilitados en verano de 2019 por la Agencia de Protección Medioambiental. La agencia registró un 15% más de días con aire insalubre en el país en 2018 y 2017 en comparación con la media de 2013 a 2016.

Las razones de la reciente disminución de la calidad del aire siguen sin estar claras, dice la agencia, pero pueden estar relacionadas con un alto número de incendios forestales, un clima que se calienta y el aumento de los patrones de consumo humano impulsados por el crecimiento de la población y una economía fuerte. Las perspectivas a largo plazo tampoco están claras, incluso mientras los políticos debaten las normas sobre contaminación atmosférica.

¿Qué es la contaminación atmosférica?

La contaminación del aire es una mezcla de partículas y gases que pueden alcanzar concentraciones nocivas tanto en el exterior como en el interior. Sus efectos pueden ir desde un mayor riesgo de enfermedades hasta un aumento de las temperaturas. El hollín, el humo, el moho, el polen, el metano y el dióxido de carbono son sólo algunos ejemplos de contaminantes comunes.

En EE. UU., una medida de la contaminación del aire exterior es el Índice de Calidad del Aire, o ICA, que califica las condiciones del aire en todo el país basándose en las concentraciones de cinco contaminantes, principales: ozono troposférico, contaminación por partículas (o materia particulada), monóxido de carbono, dióxido de azufre y dióxido de nitrógeno. Algunos de ellos también contribuyen a la contaminación del aire interior, junto con el radón, el humo de los cigarrillos, los compuestos orgánicos volátiles (COV), el formaldehído, el amianto y otras sustancias.

Un peligro para la salud mundial

La mala calidad del aire mata a la gente. En todo el mundo, el mal aire exterior causó unos 4,2 millones de muertes prematuras en 2016, alrededor del 90% de ellas en países de ingresos bajos y medios, según la Organización Mundial de la Salud. El humo en interiores es una amenaza constante para la salud de los 3000 millones de personas que cocinan y calientan sus hogares quemando biomasa, queroseno y carbón. La contaminación atmosférica se ha relacionado con tasas más elevadas de cáncer, cardiopatías, accidentes cerebrovasculares y enfermedades respiratorias como el asma.

En Estados Unidos, casi 134 millones de personas (más del 40% de la población) corren el riesgo de enfermar y morir prematuramente a causa de la contaminación atmosférica, según estimaciones de la Asociación Americana del Pulmón. Y en Europa, aunque se ha registrado un descenso en el número de muertes prematuras por contaminación del aire, esta sigue siendo el mayor riesgo ambiental para la salud.

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