La mayoría de los países que intervinieron en la reunión de urgencia del Consejo de Seguridad de la ONU condenaron la operación militar de Estados Unidos en Venezuela y la captura del presidente Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores.
Argentina respaldó la acción, mientras que otras delegaciones llamaron al respeto de la soberanía venezolana y a una transición pacífica.
Estados Unidos rechazó las críticas y sostuvo que la operación no constituyó un acto de guerra. El embajador estadounidense ante la ONU, Mike Waltz, afirmó que no existe una guerra contra Venezuela ni una ocupación, y calificó a Maduro como un “narcotraficante acusado” y un “presidente ilegítimo”.
Al inicio de la sesión, el secretario general de la ONU, António Guterres, advirtió sobre el riesgo de un aumento de la inestabilidad interna en Venezuela y su posible impacto regional, e hizo un llamado a un diálogo inclusivo y democrático.
También pidió respeto al derecho internacional, que prohíbe el uso de la fuerza contra la integridad territorial de los Estados.
Durante la reunión se informó que Maduro y Flores se preparaban para comparecer ante un tribunal federal en Nueva York, donde se declararían no culpables de cargos relacionados con narcoterrorismo, tráfico de drogas y armas.
Maduro afirmó que continúa siendo el presidente de Venezuela y se declaró “prisionero de guerra”.
El embajador venezolano ante la ONU, Samuel Moncada, denunció una “violación flagrante” del derecho internacional y exigió la liberación y el retorno del mandatario. Rusia adoptó una de las posturas más duras contra Washington.




