Tormenta Erin mantiene en alerta al Caribe y Estados Unidos

A finales de mayo, la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica (NOAA, por su sigla en inglés), agencia matriz del Servicio Nacional de Meteorología, pronosticó que esta temporada sería superior al promedio, con entre 13 y 19 ciclones nombrados. El año pasado, hubo 18 ciclones con nombre, 11 de los cuales se convirtieron en huracanes. Cinco de esos huracanes llegaron a ser lo que el Centro de Huracanes llama “mayores”, o categoría 3, 4 o 5 en la escala Saffir-Simpson.

Predecir la intensidad que alcanzará un ciclón a menudo puede ser más desafiante que predecir dónde va a tocar tierra. Los modelos de previsión, particularmente los de huracanes, han mejorado, pero aún pueden quedarse cortos en la intensificación o exagerarla. Abajo se muestra la intensidad de Erin hasta ahora y la manera en que los expertos del Centro de Huracanes creen que el ciclón se va a debilitar o fortalecer.

Los vientos sostenidos se consideran “perjudiciales” cuando alcanzan los 50 nudos o 93 kilómetros por hora, y pueden llegar a romper ramas y arrancar tejas de los techos. Se producen daños más generalizados a medida que los vientos alcanzan y superan la fuerza de huracán, que es de 119 kilómetros por hora.

Las corrientes de resaca, incluso las causadas por ciclones lejanos, son la tercera causa de muerte relacionada con los huracanes, después de las inundaciones tierra adentro por lluvias torrenciales y las marejadas ciclónicas, según el Servicio Meteorológico. Este año, el Centro de Huracanes ha comenzado a ofrecer previsiones de corrientes de resaca.

Las imágenes satelitales pueden ayudar a determinar la fuerza, el tamaño y la cohesión de un ciclón tropical. Cuanto más fuerte se vuelve un ciclón, más probable es que se forme un ojo en el centro. Cuando el ojo se ve simétrico, suele significar que el ciclón no se ha encontrado con algo que lo debilite.

El huracán Beryl fue uno de los dos huracanes de categoría 5 del año pasado, y sentó récords como el punto más precoz en una temporada en que un ciclón creciera tanto. En contraste, la temporada de este año tuvo uno de los inicios más lentos en 20 años.

Al igual que con los otros ciclones más poderosos del año pasado, la rápida intensificación de Beryl fue el resultado de unas temperaturas oceánicas superiores al promedio. Sin embargo, este año, en la región principal donde normalmente se forman los ciclones, el contenido de calor del océano —la medida de energía térmica acumulada en el océano que puede alimentar a los ciclones— ha sido ligeramente inferior al promedio en junio.

Los expertos piensan que es probable que un huracán mayor toque tierra en los Estados Unidos esta temporada. Los expertos del clima han avisado que ciclones intensos como estos tienen mayor probabilidad de ocurrir y de intensificarse más rápidamente en un mundo que se calienta.

El año pasado también fue uno de los más costosos para los huracanes en los Estados Unidos. Los huracanes Helen y Milton combinados causaron alrededor de 113.000 millones de dólares en daños y más de 250 muertes. Este mayo, el gobierno de Donald Trump dijo que ya no mantendría una base de datos de los llamados desastres multimillonarios.

El gobierno de Trump ha reducido el número de empleados en muchas de las agencias que tradicionalmente son responsables de la preparación y la respuesta ante las catástrofes, incluyendo la NOAA, el Servicio de Meteorología y la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias.

El cambio climático también afecta la cantidad de lluvia que los ciclones pueden producir. En un mundo que se calienta, el aire puede almacenar más humedad, lo que significa que un ciclón con nombre puede almacenar y producir más lluvias, como lo hizo el huracán Harvey en Texas en 2017, cuando algunas áreas recibieron más de 1000 milímetros de lluvia en menos de 48 horas.

Los investigadores también han encontrado que en las últimas décadas los ciclones se han ralentizado, y se mantienen sobre algunas áreas por periodos más largos de tiempo.

Compartir