La misión Artemis II continúa haciendo historia al ejecutar un sobrevuelo lunar a una distancia mayor que la alcanzada por las misiones Apolo, permitiendo a su tripulación observar el satélite natural en su totalidad.
A unos 6,500 kilómetros de la superficie, la nave Orion sigue una trayectoria que rodea la Luna sin entrar en órbita, lo que facilita una vista completa, incluyendo la cara oculta y regiones cercanas a los polos. Esta perspectiva representa un avance significativo en la exploración humana del espacio.
Los astronautas tienen como objetivo principal documentar formaciones geológicas clave, como grandes cráteres y antiguas zonas volcánicas, además de ubicar sitios emblemáticos de anteriores misiones. La cuenca Orientale figura entre los puntos de mayor interés científico.

La misión emplea una maniobra de retorno libre, que utiliza la gravedad de la Tierra y la Luna para asegurar el regreso sin necesidad de grandes maniobras de propulsión. Tras completar el recorrido, la tripulación emprenderá un viaje de cuatro días de regreso al planeta.
Según la NASA, el equipo ha pasado años preparándose para este momento, con entrenamiento especializado en observación geológica. Además, se espera que capturen una gran cantidad de imágenes que aportarán nueva información sobre la superficie lunar.




